EL LIBRE ALBEDRÍO
El proceso evolutivo de lo que llamamos vida, en nuestra pequeña isla del universo, se ha producido a lo largo de millones de años sin un propósito concreto, porque no hay un objetivo sino un continuo devenir.
Este proceso no ha sido aleatorio ni caótico, sino la resultante en cada instante de la imperativa e inevitable consecuencia producida por las interacciones físicas que alcanzan a todo lo existente.
Desde las partículas más elementales hasta las estructuras más complejas están sujetas a una interacción mutua.
Dentro de un universo continuo, la acción de lo más infinitamente pequeño sobre los demás infinitamente pequeños que están en inmediato contacto con él, y estos a su vez con sus limítrofes, incluyendo al originario, es decir, la actuación de todos sobre todos en perfecta armonía cósmica, ocasiona un continuo cambio del universo.
Este entramado de acciones, que obviamente nos incluye a nosotros, afecta a nuestros sentidos y de forma muy íntimamente ligada al fenómeno expuesto, somos transmisores y receptores, a la vez que observadores y conocedores, hasta un cierto nivel de sus efectos.
El universo y nosotros en él, seremos en cada instante espacio-temporal el resultado de nuestro estado inmediatamente anterior, evolucionando ciertamente en una exacta e inevitable dirección.
Cuando decimos que podemos elegir entre varias opciones, y que elegimos una de ellas porque somos libres de hacerlo, en realidad no lo somos. Al final hemos consumado esa opción porque no podíamos, o más bien, no existía la posibilidad, de hacer otra cosa.
No podemos saber lo que habríamos hecho si no hubiéramos hecho lo que hemos hecho. Pido perdón pero de hecho solo una cosa se ha hecho y es irremediable.
Este proceso no ha sido aleatorio ni caótico, sino la resultante en cada instante de la imperativa e inevitable consecuencia producida por las interacciones físicas que alcanzan a todo lo existente.
Desde las partículas más elementales hasta las estructuras más complejas están sujetas a una interacción mutua.
Dentro de un universo continuo, la acción de lo más infinitamente pequeño sobre los demás infinitamente pequeños que están en inmediato contacto con él, y estos a su vez con sus limítrofes, incluyendo al originario, es decir, la actuación de todos sobre todos en perfecta armonía cósmica, ocasiona un continuo cambio del universo.
Este entramado de acciones, que obviamente nos incluye a nosotros, afecta a nuestros sentidos y de forma muy íntimamente ligada al fenómeno expuesto, somos transmisores y receptores, a la vez que observadores y conocedores, hasta un cierto nivel de sus efectos.
El universo y nosotros en él, seremos en cada instante espacio-temporal el resultado de nuestro estado inmediatamente anterior, evolucionando ciertamente en una exacta e inevitable dirección.
Cuando decimos que podemos elegir entre varias opciones, y que elegimos una de ellas porque somos libres de hacerlo, en realidad no lo somos. Al final hemos consumado esa opción porque no podíamos, o más bien, no existía la posibilidad, de hacer otra cosa.
No podemos saber lo que habríamos hecho si no hubiéramos hecho lo que hemos hecho. Pido perdón pero de hecho solo una cosa se ha hecho y es irremediable.
¿Que sería del universo, si su devenir dependiera de nuestra voluntad?, El está a salvo de nosotras cuestinables pero involuntarias capacidades.
Lo único que ocurre es que no tenemos los suficientes conocimientos, ni tampoco los medios necesarios para calcular con absoluta precisión las conductas elementales, y por ende extensivas de todas y cada una de las infinitas diferenciales del universo.
Podemos, por ejemplo, calcular el momento en que va a comenzar la primavera, determinamos el día, la hora y el minuto, pero no podemos anunciar el momento exacto porque no alcanzamos a evaluar con absoluta precisión la influencia de todos los efectos implicados.
El viento solar, la radiación cósmica, la interacción exacta luna tierra, las mareas, el centro exacto de gravedad de la tierra y así una amplísima lista, se escapan a nuestro control. Esto es debido a que nuestro nivel de conocimiento y cálculo es limitado.
Podemos afinar la previsión de un acontecimiento en la medida en que podemos controlar sus interacciones y las injerencias externas, por lo tanto actuamos en controladísimos laboratorios para comprobar la concordancia entre la formulación matemática de una ley física y la percepción del fenómeno al que está ligada.
Por fin quizás solo queda preguntarnos: ¿es el libre albedrío la conclusión mental, de la incapacidad que podemos tener para alcanzar el conocimiento total?, ¿si el conocimiento no precisara de la consciencia, este podría estar totalmente compendiado en el universo?
Tal vez, nuestro ínfimo saber nos conduce a la imposibilidad de apreciar que solo el universo puede contener el conocimiento total.
Lo único que ocurre es que no tenemos los suficientes conocimientos, ni tampoco los medios necesarios para calcular con absoluta precisión las conductas elementales, y por ende extensivas de todas y cada una de las infinitas diferenciales del universo.
Podemos, por ejemplo, calcular el momento en que va a comenzar la primavera, determinamos el día, la hora y el minuto, pero no podemos anunciar el momento exacto porque no alcanzamos a evaluar con absoluta precisión la influencia de todos los efectos implicados.
El viento solar, la radiación cósmica, la interacción exacta luna tierra, las mareas, el centro exacto de gravedad de la tierra y así una amplísima lista, se escapan a nuestro control. Esto es debido a que nuestro nivel de conocimiento y cálculo es limitado.
Podemos afinar la previsión de un acontecimiento en la medida en que podemos controlar sus interacciones y las injerencias externas, por lo tanto actuamos en controladísimos laboratorios para comprobar la concordancia entre la formulación matemática de una ley física y la percepción del fenómeno al que está ligada.
Por fin quizás solo queda preguntarnos: ¿es el libre albedrío la conclusión mental, de la incapacidad que podemos tener para alcanzar el conocimiento total?, ¿si el conocimiento no precisara de la consciencia, este podría estar totalmente compendiado en el universo?
Tal vez, nuestro ínfimo saber nos conduce a la imposibilidad de apreciar que solo el universo puede contener el conocimiento total.