OTRAS PERPETUACIONES
El individuo se encuentra permanentemente en un dilema existencial, su instinto de conservación, y su conciencia de la segura destrucción de su estructura corporal, están en permanente conflicto, por lo que algunos trasladan a una entidad esotérica (el alma), asociada a su efímero estado universal, una serie de atributos que le personalizan y le hacen único.
A partir de aquí solo se trata de poner a esta a buen recaudo y atribuirle, entre otras cualidades, la existencia eterna.
Ciertamente tenemos el tiempo contado como individuos, pero los mecanismos de la naturaleza son inconscientemente sutiles.
Estos han dotado al individuo de la capacidad de reproducirse, y este puede aportar en un minúsculo receptáculo, la información básica sobre su más íntima y completa existencia individual.
Cada uno de nosotros, está contenido en una extraordinaria síntesis orgánica, y se perpetúa pasando a vivir en su descendencia, vivimos en nuestros hijos, y con ellos en los suyos.
En estos términos, podemos considerar a la humanidad, como la cadena de la inmortalidad en la que permanecemos durante un indeterminado periodo de tiempo.
Tal vez sería mejor, que durante el brevísimo parpadeo vital del individuo, tratáramos de permanecer en armonioso e íntimo contacto con la naturaleza, por ser esta la que con mayor proximidad nos rodea y nos vincula a nuestra verdadera existencia.
Podemos intentarlo, y si es posible, esperar en paciente contemplación a que nuestro Sol explote, formando una bellísima Nova que nos inunde con su impetuosa radiación de alta energía, y sumergidos en ella seamos proyectados, hacia los confines del universo.
Mantengamos la esperanza, de que algunos de nuestros más elementales componentes, lleguen a combinar con algunos de los de nuestros más amados congéneres, y de esta forma podamos permanecer unidos en física armonía, durante un larguísimo periodo de tiempo cosmológico, porque que es la vida, sino el inmortal viaje universal de la muerte.
A partir de aquí solo se trata de poner a esta a buen recaudo y atribuirle, entre otras cualidades, la existencia eterna.
Ciertamente tenemos el tiempo contado como individuos, pero los mecanismos de la naturaleza son inconscientemente sutiles.
Estos han dotado al individuo de la capacidad de reproducirse, y este puede aportar en un minúsculo receptáculo, la información básica sobre su más íntima y completa existencia individual.
Cada uno de nosotros, está contenido en una extraordinaria síntesis orgánica, y se perpetúa pasando a vivir en su descendencia, vivimos en nuestros hijos, y con ellos en los suyos.
En estos términos, podemos considerar a la humanidad, como la cadena de la inmortalidad en la que permanecemos durante un indeterminado periodo de tiempo.
Tal vez sería mejor, que durante el brevísimo parpadeo vital del individuo, tratáramos de permanecer en armonioso e íntimo contacto con la naturaleza, por ser esta la que con mayor proximidad nos rodea y nos vincula a nuestra verdadera existencia.
Podemos intentarlo, y si es posible, esperar en paciente contemplación a que nuestro Sol explote, formando una bellísima Nova que nos inunde con su impetuosa radiación de alta energía, y sumergidos en ella seamos proyectados, hacia los confines del universo.
Mantengamos la esperanza, de que algunos de nuestros más elementales componentes, lleguen a combinar con algunos de los de nuestros más amados congéneres, y de esta forma podamos permanecer unidos en física armonía, durante un larguísimo periodo de tiempo cosmológico, porque que es la vida, sino el inmortal viaje universal de la muerte.